Vejez y soledad

TL / Foto de archivo
por Belén Eseverri (*)

17 de agosto 2025

“He sido un hombre afortunado, nada en la vida me ha sido fácil”, decía Freud ya en sus 83 años. Allí creo se encuentra la clave de la vejez: mantener el motor de la vida; seguir encontrando propósitos y deseos.

Al hablar de la tercera edad y la vejez, hablamos de la soledad y la decadencia del cuerpo, cuando quizás podríamos estar hablando de los deseos que quedaron por cumplir, los vínculos por sostener y cultivar y darle madera al motor que mueve la vida.

Más allá de la edad y las reales posibilidades de vivir en la vejez, existen maneras de llevar la vida que se sostienen en todas las edades: hacia adelante, estáticos, o hacia atrás.

Vivir como sinónimo de lucha, motor, poder, conflicto por resolver, amor, trabajo y vínculos. O vivir como sinónimo de sobrevivencia, de pérdida, de padecimiento, de conflictos sin resolución, pelear con el mundo y, por último, claudicar y sufrir en soledad.

La vejez, asociada a la noción de mayor riesgo, puede amplificar la soledad, especialmente cuando se construye culturalmente como una etapa de pérdidas y caída, como una consecuencia inevitable del envejecimiento, afectando la percepción de sí mismos y su bienestar.

La soledad puede ser vista como un problema a tratar, en lugar de ser entendida como una experiencia humana compleja con dimensiones sociales, culturales y emocionales.

¿Qué tan preparada está una persona para vivir la vejez y vivenciar la posibilidad de la muerte?

¿Qué tan preparada está la sociedad para acompañar a las personas en esta etapa?

(*) Lic. en psicología por la UNC.

Psicología Familiar Integral