por Belén Eseverri (*)
20 de diciembre 2025
«Todos tenemos una reserva de fuerza insospechada que emerge cuando la vida nos pone a prueba».
Isabel Allende
El poder en la mujer reside en la esperanza y deseo de vida.
La mujer, el poder y el deseo están intrínsecamente ligados a la búsqueda de autonomía (sobre su mente, su cuerpo, su economía y su porvenir), ideal que ha sido históricamente reprimido en diversos discursos culturales.
El control sobre la propia vida es el deseo.
En los discursos feministas más radicalizados, este deseo tacharía al hombre.
En un discurso más amigable y esperanzador, el poder sobre su propia vida está en la gestión de las relaciones interpersonales, en las cuales se incluye al hombre, a su compañerismo y su protección. No se trata del control sobre el hombre, sino sobre su propia vida [de la mujer].
El conflicto surge porque la expresión del deseo femenino ha sido siempre vista como peligrosa y subversiva, porque rompe con los roles asignados: se castiga a las mujeres que desean demasiado.
El empoderamiento femenino implica tener control sobre el propio destino. El género es una forma básica de relaciones sociales basadas en diferencias, y el poder es un elemento central en esas relaciones.
Para los discursos más extremistas, el poder no se distribuye equitativamente: o está de un lado o del otro. Alguien arriba y alguien abajo. La atracción, incluso, puede surgir de las dinámicas de poder, a veces confundiendo el amor con la necesidad de control o la dependencia. Y la búsqueda de la conexión genuina choca con las estructuras de control.
Las representaciones culturales han perpetuado la idea de un deseo femenino descontrolado y amenazante, lo que refleja un miedo cultural al poder femenino que expresa su deseo.
Un nuevo discurso propone al deseo de la mujer no como amenaza, sino dentro de los vínculos, como gestor de crecimiento y bienestar. Sobre todo, en la pareja y en las relaciones parentales. ¿Cómo? Entendiendo que el objetivo es cumplir, hacer posible y gestionar el deseo. Y no la lucha de poder con el hombre.
Y la clave de esto es la comunicación, tanto interpersonal como social.
Un nuevo discurso de género hace al cambio.
(*) Psicóloga egresada de la UNC, creadora de Psicología Familiar Integral