Frankenstein, por Guillermo del Toro

Frankenstein, de Guillermo del Toro (2025), fotograma. Fuente: Netflix
Fiel a la visión sombría de Guillermo del Toro, Frankenstein está a la altura de lo que promete. Se le entrega al espectador un monstruo más humano que los demás y es una de las pocas adaptaciones llevadas al cine que se compromete a mostrar lo que Mary Shelley escribió allá por el 1818.

Paula C. Dreyer

08 de noviembre 2025

Fiel a la visión sombría de Guillermo del Toro, Frankenstein está a la altura de lo que promete. Se le entrega al espectador un monstruo más humano que los demás y es una de las pocas adaptaciones llevadas al cine que se compromete a mostrar lo que Mary Shelley escribió allá por el 1818.

La muerte rondando en casi toda la película se torna un personaje más de la narración y aparece embellecida entre pedazos de cuerpos, colgados en las plazas y hasta en los cajones de una familia de alta sociedad que cumple los caprichos de Víctor.

Como advertencia al espectador que no haya leído el libro, tiene que saber que las 2 horas con 32 minutos que dura la película quizás le resulte un poco agobiante, pero la idea del director es mostrar tanto la visión del creador como de la criatura arrojada en un mundo hostil. A mi modo de ver, quizás no se debería haber enfatizado tanto en el personaje de Víctor, pero la narración es llevadera. Los saltos temporales no molestan y podemos ubicarnos en las historias sin perdernos en detalles.

La sumisión de la criatura hace que le tengamos empatía y que sus reacciones tengan un porqué, ya que últimamente estamos acostumbrados a toparnos con monstruos que matan por su naturaleza salvaje y no porque sean movidos por la ira de no pertenecer al mundo de los vivos, aunque este ser se termine adaptando ante las pequeñas demostraciones de cariño de los humanos.

La premisa de la película, como dice el tráiler, es: «solo los monstruos [Víctor] juegan a ser Dios». La composición del personaje que nos entrega en pantalla el actor Oscar Isaac hace que cada una de esas palabras se cumplan a rajatabla. Víctor es un creador y destructor al mismo tiempo; nos mueve hasta la fibra más íntima cuando desprecia a su propia creación. Quizás hasta merecía un peor final, sin perdón.

Elizabeth, encarnada por Mia Goth, es otro de los personajes que lleva adelante la trama; es esa mujer lobo con piel de cordero que se impone ante un hombre rompiendo el estereotipo de esa época y no tiene miedo de enfrentarse a Víctor. Reconoce la naturaleza destructiva de ese hombre, aunque parezca que los envuelve una histeria romántica entre mariposas y paraguas. Quizás me cueste dejar de encasillar a la actriz después de verla en su personaje de PEARL [2022] pero funciona perfectamente en este mundo.

Jacob Elordi nos da a una criatura que busca amor y compresión debajo de sus cicatrices. En ciertos momentos el maquillaje me hacía relacionarlo más a un androide que al monstruo hecho por pedazos, pero uno termina reconociendo que la naturaleza de ese ser es pura, a pesar de todas las injusticias que le toca vivir. No merecía ni las cadenas ni las balas, porque en su mirada está reflejado todo lo simple que muchas veces olvidamos detrás de la codicia o el afán de cumplir nuestros deseos más oscuros.

Se puede apreciar que Netflix no tuvo recaudos en poner mucho dinero para esta superproducción. Desde el vestuario hasta la máquina que crea vida llaman demasiado la atención. El ambiente de las locaciones está perfectamente logrado. De hecho, viendo el film no pude evitar recordar el trabajo de Eugenio Zanetti (escenógrafo, director de arte, ilustrador y director Cordobés que ganó un Óscar por mejor diseño de producción) en The Hauting [La maldición -1999]; sobre todo cuando las estatuas cobran vida o los personajes bajan escaleras eternas y reflejan sus sombras a través de ventanales enormes.

La mística sombría nos envuelve como las telas de los vestidos que usa Elizabeth o la madre de Víctor, recordándonos el poder vital de la sangre y cuán obsesionados nos tiene la delgada línea que existe entre la vida y la muerte.

En conclusión, puedo decir que este film fue uno de los pocos estrenos que me sorprendió para bien, aunque ya haya visto mil adaptaciones de la historia. Hay cosas para reforzar, pero no creo ser objetiva con el director que nos entregó monstruos y personajes paranormales que son hipnóticos en piezas como La forma del agua [2017] o El espinazo del diablo [2001], de la cual todavía sigo teniendo pesadillas con Santi. El laberinto del fauno [2006] o la versión más sombría de Pinocho [2022], la cual amé y no puedo dejar de nombrar, es una de mis películas favoritas de animación, como en El libro de la vida [2014] de la cual fue productor.

Su enfoque sobre la muerte es – supongo que por tener sus raíces mexicanas-, una celebración que nos hace olvidar la fama poco feliz que tiene, sumergiéndonos en unos mundos fantásticos que son difíciles de olvidar.