por Belén Eseverri*
03 de mayo 2026
«¿Has actuado conforme al deseo que te habita?», pregunta J. Lacan en su Seminario 7, La ética del psicoanálisis, de 1960.
La ética del psicoanálisis no trata sobre la moral ni normas culturales, sino sobre la ética del sujeto consigo mismo y sus deseos y pasiones.
También diría Lacan: «Solo se siente culpable quien cedió en su deseo». Lo interesante de esta máxima es que no es una postura libre y hedonista. Seguir los deseos tiene un costo, demanda renuncias y esfuerzos.
La ética del sujeto es reconocer y perseguir su deseo, con todas las complicaciones que eso implica. Y se complica aún más cuando entendemos que el deseo no es algo concreto. Se llena de objetos, pero no son esos objetos.
El deseo es el ansia de algo, es el motor de la vida, que me impulsa a algo para no morir. Es una falta estructurante, producto del lenguaje y de ser nombrados por el Otro que nos cobija.
Esta ética del deseo implica una revisión constante sobre si nuestras acciones, a pesar de las renuncias necesarias, responden a nuestro motor interno, a nuestra verdad.
Entonces, el deseo que me habita es desconocido, no tiene nombre propio, vino de Otro, no se llena nunca… pero impulsa mi vida y me aleja de la muerte.
*Lic. en psicología, egresada de la UNC Psicología Familiar Integral